El Centro Histórico formado por los barrios de Vegueta y Triana, creados en origen a ambos lados del barranco de Guiniguada, está reclamando una conexión fuerte entre sí y con sus barrios también históricos aledaños (los Riscos de San Nicolás, San Juan y San Roque) para recuperar su identidad a partir de la cultura del agua que hizo posible su nacimiento, y del rescate del inmenso patrimonio cultural que se encuentra en sus márgenes.
La iconografía de los antiguos canarios y la toponimia del gentilicio Guiniguada, «lugar de agua» o «valle de agua», se utilizan como recurso de proyecto para tejer una estructura formal sobre la ingeniería que cubre el barranco. Esta favorecería la lectura ordenada de un espacio lineal verde, peatonal y equipado, especializado en los tramos secuenciados que lo forman. Además pondría en relación física tanto los tejidos de los barrios que se asoman, como el conjunto de estos barrios desde el interior hasta el mar, mediante flujos de conectividad que hacen ciudad. También reconectaría, en términos sociales, visuales y paisajísticos, aquella imagen perdida en los tiempos de su pasado urbano dependiente de su agua, pero también agrícola, plagado de terrazas destinadas al cultivo especialmente de plataneras, que configuraban la imagen de entrada a la ciudad tantas veces recogida en postales y fotos antiguas.
Esta propuesta se ha planteado atendiendo a la conectividad ecológica y funcional, y a la restitución de la biodiversidad. Esta iniciativa se ha unido a tratar de enraizar la cultura del lugar y el diálogo con la historia, produciendo ecos de los momentos de mayor interés del barranco a lo largo del tiempo y rescatando aquellos que aún permanecen vivos en la memoria.
Esta puesta en valor, conjuntamente con la conformación funcional y gráfica del agua y la vegetación, nos define una matriz geométrica sobre la que desplegar una gran superficie de espacio verde y cultural.
En esta propuesta, de tráfico cero y movilidad de convivencia, se desarrolla un retejido de los barrios históricos implicados a partir de paseos ajardinados y arbolados, dando una imagen completamente renovada. Se fomenta la conectividad ecológica entre costa e interior con una amplia biodiversidad que maximiza la superficie vegetada y provoca una alta cohesión social, con la cultura y las artes como punto de partida. Esta actitud se lleva hasta las mismas bóvedas, herencia de la ingeniería, para proponer allí un centro de arte inmersivo como recurso añadido al gran valor de este sitio, máximo referente de la historia de la ciudad.
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